Previa R.C.D Espanyol - Sevilla F.C




Artículo escrito  el 7 de Mayo de 2012 por Jesús Alba en Diario de Sevilla

Campeones que van " a por ella"


Presenciar un partido del equipo que se ha proclamado campeón de Liga el pasado fin de semana, no por la tele, sino en la ciudad deportiva, es a veces molesto, pero gratificante, muy gratificante. Lo es porque al final, uno ve, compara y decide que eso es fútbol. Lo otro a veces no. O muchas veces no. En ese campo más pequeño de lo habitual -un error cuando se trata de formación-, de césped artificial, en el que las porterías de entrenamiento tapan la visión en la banda a los pocos aficionados que se mojan y se llenan los pies de barro cuando llueve, se cuece el fútbol de verdad. Allí no hay hoja con las alineaciones y para saber el nombre de los futbolistas hay que estar atentos a los gritos de sus compañeros en el campo o a los de sus madres sobre el montoncillo de tierra. Allí, cuando el balón sale por encima de la valla -sólo hay un recogepelotas-, los futbolistas (Álex Rubio o Joaquín tras una galopada) tienen que saltarla a toda prisa para que el partido continúe y al rival no le dé tiempo a colocarse.

Pero allí hay ilusión. Hay un grupo en el que los jugadores no se pelean, en el que se hacen fotos juntos por cualquier chorrada y las cuelgan en Twitter, donde nadie piensa en renovaciones porque es lo de menos, donde el entrenador dirige los partidos en chándal y donde que la televisión del club dé el partido en directo es un acontecimiento que provoca que hasta se retiren las porterías de las bandas. En una semana en la que el Espanyol-Sevilla va a horario unificado no se sabe muy bien por qué, pues no se juegan nada, los juveniles de estos dos clubes se disputaron en Lepe un título de Liga con el orgullo de poder decir que ni Madrid ni Barça pueden toserle sin la intoxicación que sufre el fútbol cuando los escalones se suben. El Sevilla ganó y es el campeón de campeones de Liga del fútbol en estado puro. De ese fútbol en el que, como en el colegio o en un descampado con los amigos, el que la embarcaba iba "a por ella". Enhorabuena a Diego Martínez y a sus chicos. A partir de ahora empieza para ellos lo difícil y lo más feo del fútbol. O no.