Un infierno para tocar el cielo con las manos.




Y llegó el día, ese que llevamos esperando un mes. Todo lo bueno se hace esperar y lo que hoy se vivirá en el Ramón Sánchez Pizjuán tiene que ser bueno por varias razones. La primera, porque cuando el sevillismo vuelvo a revolotear en los estómagos de la gente nada puede salir mal, por mucho que no se consiga el objetivo. La segunda, que las cosas que se hacen con el corazón y desde las entrañas tienen más posibilidades de salir bien y desde hace mucho tiempo, aficionados, jugadores, técnicos y directivos están consiguiendo que tomos seamos uno y que nadie se desvíe del camino marcado.

Dicho todo eso, hoy hay otras dos cuestiones a tener en cuenta. Una de ellas es la sobre-exitación, debemos de darlo todo, llegamos con muchas ganas y confianza, pero cuidado, debemos de controlar nuestra fuerza, no vaya a ser que la gastemos antes de empezar. La otra, es deportiva, evitar los juegos sucios y artimañas que el Atlético de Madrid va a intentar, al menos en los primeros compases del partido, saben, al igual que nosotros, cómo se está preparando todo, cómo está la afición (y mejor que nadie lo sabe Simeone que fue jugador nuestro) así que también saben que con cualquier chispa se va a incendiar el estadio, que cualquier roce hará una tangana y que cualquier entrada "desmayará" a un colchonero. Nos equivocaríamos al entrar en ese juego. Nosotros debemos de tener un objetivo entre ceja y ceja, salir a por el partido hasta que el partido esté más en nuestra orilla que en la suya, en ese momento, habrá tiempo del otro fútbol.

Hay que marcar un gol, seguramente dos y aún así no estaremos tranquilos, porque de ver puerta Falcao, Costa o cualquier otro, la prórroga sería lo más asequible y la remontada se convertiría en épica, así que vamos a salir a por el partido, desde el inicio, a morder, con el cuchillo entre los dientes, sin darle ni un minuto de respiro, coger aire para impregnarse de nuevo del sevillismo galopante que habrá en las gradas y volver a desenvainar la espada de otra final.

Si todo eso ocurre, y no conseguimos el resultado esperado, deberemos de levantarnos a una para aplaudir el esfuerzo de los jugadores y para apludirnos a nosotros mismos. Si, como esperamos todos, nos clasificamos para la final, el SEVILLISMO, que tan mal lo ha pasado por diferentes razones que no viene al caso, explotará, reirá, llorará, mirará a los cielos, se acordará de aquellos tiempos, de aquellos jugadores, y podrá decir orgulloso, "yo puse mi granito de arena para que todo esto pasara".

Viva el Sevilla F.C, antes, ahora y siempre.