Andrés Palop: Otro escudo que se va.

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Se marcharon muchos y siguió él. Y en la retina guardados aquel gol en Ucrania, la tanda de penaltys de otra final, los cuartos contra el Barcelona, las semifinales contra el Getafe o aquel paradón en Eindhoven que nos dio la vida.

Mañana se marchará otro trozo del escudo. El mejor portero del Sevilla a los ojos del que esto escribe, un capitán con todas las de la ley, un motivador nato y un compañero.

Andrés Palop se marcha de una casa que le ha aportado grandes noches, títulos y satisfacciones y que nos la ha devuelto con su paradas que ganaban partidos. La afición sevillista fue la punta de su guante y él siempre nos ha tenido presentes. Se nos va un símbolo, otro más y no queda otra que agradecerle los muchos momentos vividos, porque detrás de aquellas paradas hubo muchos lágrimas, y muchos corazones en un puño que Palop nos restituía en cuando aparecía su mano salvadora.

... o aquella carrera en Glasgow con el brazo en alto en busca de los sevillistas después de parar el penalty decisivo o aquel grito que dio su hijo mientras veía el partido ante el Skaktar "¡Ha marcado papá!".

Esas historias que uno le contará a los niños como nuestros abuelos nos contaron a nosotros, le pondremos toda la leyenda que sea posible, pero la realidad más absoluta la vieron nuestros ojos y por ello siempre habrá que estarle agradecido a él y a otros que se fueron antes. Tuvo momentos malos, de incomprensión, de habladurías o no, pero qué más da. Nadie, por mucho que se empeñe, nos va a quitar de la memoria aquellos instantes de felicidad perpetua, el goce del sevillismo ante un equipo que pasará a los anales. Mañana se acaba una temporada aciaga y quizá nos vendría bien coger aunqe sea sólo un trocito de aquellos años y reciclarlo en un futuro más próspero y más ilusionante.