Sevilla F.C - Valencia C.F: La cuerda y la vida.



Julio Muñoz. EFE,

Decíamos en la previa ante el Borussia que el Sevilla con el paso de las jornadas se está convirtiendo en un equipo vulgar, en nadie en el panorama futbolístico cuando antes de ayer era un Don. Ese paso de una categoría a otra por supuesto se gana sobre el terreno de juego y mañana es un oportunidad (una más) no ya sólo para ir recuperando el status perdido sino para que la cuerda se desanude del cuello de todos nosotros y empezamos a ver la vida con algo de esperanza.

Porque eso es ni más ni menos lo que se juega mañana con dos equipos en una situación muy similar: dos entrenadores en el disparadero, líos institucionales, problemas con determinados jugadores y una clasificación que no refleja la calidad de sus plantillas.

Los chés vienen con una racha bastante negativa, disimulada por la goleada en Vigo, pero lejos del rendimento que esperaban. Llevan 11 onces años sin ganar en Nervión (la última vez que lo hicieron ganaron la Liga). Pero sus problemas deben de ser el acicate que nos sirva a nosotros para meterle la estocada.

Pero nosotros también tenemos una situación que es irritante, obscena. El equipo no tiene alma, cuando no lucha tiene errores defensivos graves y cuando hace un partido decente falla arriba. El entrenador sigue sin acertar con los cambios, sin arriesgarse, continúa gestionando mal una plantilla que pierde gasolina en sus jugadores más importantes, y éstos no están dando el do de pecho que se esperaba, a todo ello se le une la desunión institucional/accionarial. Todo ese gazpacho se refleja en la clasificación.
Si algo está fallando hay que cambiar o bien de jugadores o bien de sistema o ambas cosas, hay plantilla para hacerlo, (Mariano, Reyes, Immobile, Iborra), no se puede persistir en el error porque esa cabezonería que dio resultados en los últimos años no tiene porque darlos en este. El fútbol no lo inventó ningún matemático.

Mañana, como ya se ha dicho en multitud de ocasiones, además de ganar, debe de ponernos rumbo a lo que seremos en un futuro. El rival es de nivel, aunque en horas bajas, los jugadores y técnicos deberían de estar heridos en su orgullo y el que no lo esté que lo diga cuanto antes y que se baje del barco.

Lo que nos jugamos sobre el césped de Nervión es la vida y eso hay que dejarse para que la cuerda apriete otros cuellos que no sean los nuestros.