Te echo de menos


Echo de menos tu bello gesto, aquel que parecía que el cielo se acercaba a mis ojos cuando la luna me miraba de reojo. Pedir esa suerte y vivir la alegría de aquel instante infinito. Te echo de menos.

Guardo en mi recuerdo aquel sonido de tu voz que resonaba como de entre las entrañas de un infierno que no cesaba a mis pies. Te busco, te siento cerca y lejos al mismo tiempo. Echo de menos tu perfume, olerte de cerca, como si se fuera a meter en mi boca en cada grito que te pido que me quieras como yo te quiero.

Te echo de menos tanto que desde entonces las palmas de mis manos ya no son lo que eran, ya no tocan ni sienten la música que tú escuchas. Te siento tan lejos que no sé por qué estoy aún aquí, tan perdido por las calles cuando vives.

Echo tanto de menos que pase la tarde, que el sol se tropiece en primavera y que anochezca a tu vera. Salir ronco de tanto besarte con palabras soñando que toco aquello, lo vivido, fuese real. Y lo fue. Añoro sentarme en aquel largo amargo banco blanco.

El peso sobre mi espalda de las gotas de lluvia camino de tu portal. Camino del mío. Agachar la cabeza, no fue un buen día. Hoy vuelvo enfadado, pronto haremos las paces.

Quizás el tiempo haya pasado y tu piel haya cambiado pero siempre nos quedarán los recuerdos en aquel rincón de mi corazón que es el tuyo. Latiendo al ritmo que marcan tus sones. Nervioso.

Aún lloro por aquella despedida, forzosa, como quien arranca de raíz un árbol milenario de la tierra. Podré separarme de ti, pero nunca te querré como amigo.

Te echo de menos, Alta Norte.

Hoy se cumplen exactamente diez meses del último partido que viví en el Ramón Sánchez-Pizjuán como abonado. Sevilla 2, Betis 0.

Y se acerca otro derbi.