Un trapecista en Champions




La línea que separaba la clasificación de la eliminación eran tan ancha como el poste de Gol Norte, aunque el Sevilla en los últimos años se ha empeñado en adelgazarla en proporción al goce de su hinchada. Es todo un trapecista que en ocasiones no sabe si está más cerca del cielo que del suelo, esa es precisamente la adrenalina que sentimos tras saborear la tragedia sin tragarla.

El martes fue uno de esos partidos en los que vivimos en la frontera, ese hilo minúsculo que te diferencia de los mediocres. El que va de Banega jugando con paraguas en la ida a jugar con oxígeno en la vuelta, el de un Navas que ha vuelto como si nunca se hubiera ido del todo o el de dos fichajes que ya estaban el año pasado: Escudero y Ben Yedder.

Una vez más los despistes y dudas defensivas unido a los errores en portería ajena se instalaron como cada verano en el club, como si fuera algo que va hilado al escudo. El rival no es superior pero es más efectivo en los últimos metros que tú, tienes más calidad que ellos pero se termina diluyendo entre un Correa al que le falta atarse la maldad a las botas para terminar de explotar como futbolista o un N'Zonzi que falló para seguir alimentando la gloria de vivir sobre el alambre.

Es cierto que el cómo importaba poco, la obligación era pasar y estar un año más con los grandes de Europa, ya iremos cambiando el interrogante por los por qués y los cuándos o quién sabe si por los dóndes para continuar colocando trincheras en el mapa.



Foto de Antonio Pizarro. Diario de Sevilla.