Fiorentina - Sevilla F.C: Un Renacimiento perpetuo.


Corría el verano del 95 que engullía madrugadas de insomnio por el calor de Agosto y por el descenso administrativo del Sevilla. Era bajar a los infiernos más ardorosos del fútbol, un castigo desmedido pero tal vez un punto de inflexión para todos nosotros. Aunque luego vendrían muchos momentos que han sido claves en nuestras historia, podríamos situarnos en ese punto para valorar el progreso del club.

Ayer en Florencia, cuna del Renacimiento, se volvieron a poner unos cimientos que no paran de crecer. No ha habido en estos 15 años situaciones en las que nos creíamos hundidos y desolados y de la que no hayamos salido más fuertes y reforzados. Queda lejos, pero qué pensabas tú cuando se fue Joaquín Caparrós, qué pensabas cuando Juande Ramos nos dejó tirados y cuándo falleció Antonio Puerta... después de cada unos de los momentos citados muchos de nosotros creíamos que todo iría a peor y sin embargo fue todo lo contrario, renacimos, volvimos a lavarnos la cara para soñar con los ojos más abiertos.

Se fueron entrenadores, jugadores muy importantes y hasta un presidente y volvimos a muscularnos como mejor sabemos hacerlo: Trabajando. Como ocurrió con el Renacimiento, no dejamos de mirar hacia atrás para aprender mientras modernizamos las estructuras y las técnicas de trabajo. Parecía imposible mejorar lo anterior, pero se conseguía, nos renovábamos al minuto uno de habernos desprendido de aquel jugador importante o de un entrenador sin escrúpulos. Hubo cosechas malas, por supuesto, hubo momentos de tensión, de desafecto, pero fueron años de aprendizaje.

Y todo ello se ve en el campo, todo ello se vio ayer en Florencia, pero también en Villarreal, en San Petesburgo, en Monchengladbach, se llama competir, se llama trabajo, pegada, sacrificio, sufrimiento, pizarra, calidad...y algo de suerte como consecuencia de todo lo anterior.

Ayer se volvió a doctorar Sergio Rico (vaya eliminatoria que se ha marcado el chaval). Volvimos a ver a un Banega dominador y excelso, a un Emery trabajador y prudente. A un equipo que aburre al rival por aplastamiento, que no le sobra ni un minuto, que sabe a qué juega y por qué juega.

Un equipo, un club que renace hasta de nosotros mismos, que se sobrepone a críticas, obstáculos y derrotas. Y que le crea dolores de cabeza a todos aquellos sabuesos que pululan por este mundo del fútbol y que hablan más que sienten, que dicen sin entender nada, que amagan pero no se van de nadie, que ven suerte donde otros vemos Varsovias, que ven Sevillas que son sólo nuestras.


Foto de Antonio Pizarro. Diario de Sevilla.