R. Betis - Sevilla F.C: Humildad y orgullo

Foto: Quico Pérez Ventana

Siempre sobrevuela algo especial sobre los aficionados al enfrentarse a este tipo de partidos. Recuerdos, goles, remontadas, encuentros sin aficionados y miles de anécdotas, claves y guasa.
Siempre hay un niño que mira con sus ojos inocentes y ve en el contrario a su rival, pero también a su amigo y hermano. Hay una infancia imborrable con esos días de colegio y ese post partido en las aulas. El cachondeo de uno sobre el otro, el riguroso resumen del profesor y toda una semana de chistes y de repetición de los goles.

A pesar de la distancia de estos años, a pesar de haber construido una plantilla sólida con unas infraestructuras fiables mientras que el rival no sabía cómo hincarle el diente a un sentimiento que se escapaba de ciertas manos, a pesar de todo eso tenemos que volver a los orígenes, a paladear el sabor de la previa, el colorido de la grada, el sinvivir del partido. Hay que apasionarse como en aquellos años en los que la igualdad era el árbitro de todos los derbys.

Es un partido más...pero no. Son tres puntos que nos colocarían en la rampa de lanzamiento de la UEFA y terminaría con nuestro gafe fuera de casa. Es un encuentro difícil, peligroso si no sabemos equilibrar bien nuestra superioridad (a priori) con nuestra actitud a la hora de abordar el partido. Si salimos con el escudo entre los dientes habrá muchas opciones de victoria pero si en algún momento nos relajamos y nos vence la apatía y la pasividad nos encontraremos con un Betis deseoso de pescar en esos mares. Humildad y orgullo.

El de mañana debe de ser un partido mágico, con Gameiro o con Llorente, con Reyes o sin él. Un encuentro que le abra los ojos a esos niños deseosos de que el espectáculo se vea sobre el césped sin olvidar nunca que es sólo un partido de fútbol.