Sentir para contarlo: F.C Barcelona - Sevilla F.C


Aunque aún no haya pasado ni una semana de aquella final perdida, ya nos da una perspectiva el tiempo de todo lo conseguido y de lo que no. De aquello que tocamos con las manos y de lo otro que se nos escapó. Hay un orgullo de ser sevillista y dentro de ese orgullo entra también lo crítico y exigente que somos, porque dejamos con vida al Barcelona cuando teníamos superioridad, no fuimos inteligentes, no nos quedaban fuerzas y se nos fueron las esperanzas con la expulsión de Banega.

Era muy difícil afrontar dos finales en una misma semana, pero quizá refrescar al equipo en la segunda parte o incluso en la prórroga nos hubiera dada el aliento sufciente como para poner contra las cuerdas a los culés. El Sevilla, el equipo que más partidos ha jugado en Europa, llega a su último encuentro, a una prórroga, y no hace los 3 cambios. No es comprensible.

Y todo esto está en el debe y el haber del sevillista, una temporada con dos finales, con un nuevo título de UEFA, pero queremos más, debemos querer más, debemos apretar las tuercas hasta que el límite de nuestra cordura nos diga basta. Y nada de ello empaña el año vivido, nada de esto impide a los criticos valorar por un lado el trabajo y esfuerzo de la plantilla y a la vez sacarle los colores por según qué decisiones. Ambas cosas caben en el mismo sentimiento.

Porque precisamente nuestro sevillismo no es un sentimiento vacío ni desnudo, nos nos conformamos simplemente con ser sevillistas como otros. Nosotros queremos ganar, no decir aquello de "no depende de victorias", que aunque sea una frase hecha, tiene un trasfondo de inconformismo y derrota que apesta. Y es por ello que hemos llegado donde hoy estamos, porque a pesar de lo conseguido que ha sido una brutalidad, seguimos poniendo "peros", seguimos ajustando cuentas, seguimos construyendo sevillismo.

Y la maquinaria funciona así, nadie quería perder ante el Barcelona, nos nos conformábamos con un derrota pirríca o una victoria moral, todos íbamos a una, a ganar, a competir, a luchar hasta que las gargantas callasen y las banderas se desinflaran.

Para que nunca dejemos de sentir lo que contamos.

Nos vemos en Agosto.