Sevilla F.C - Shakthar Donetsk. Un monstruo de 5 cabezas.


Decía ayer Monchi, recien terminado el partido que hemos creado un monstruo. Un monstruo de 5 cabezas, tantas como finales llevamos. Un monstruo con sus tentáculos, las otras finales de copa o supercopa que ya no sabemos en qué almacén del cerebro guardarlas.

Pero qué os voy a decir que ustedes no sepáis. Un día quise dormir contigo para mirarte hasta donde me alcanzara la mirada, pero nunca me imaginé la profundidad que tenías, la lejanía a la que me llevabas. Y son 10 años, tantos y tan pocos, una minúscula parte de tu historia. La mayoría sufriendo porque nada se consigue sin ello, nadie dijo que fuera fácil. Es un don que te engendraron hace tiempo, por el cual las cosas más difíciles las haces sencillas y entonces todo parece alcanzable, como si lo conseguido nos hubiera caído de la nada, del espacio opaco que creamos en Nervión, para que cualquier ataque nos resbale y las alabanzas las driblemos cada domingo.

Hablar de ayer sería como hacerlo de otros jueves, como un deja vu continuo, que nos lleva y nos trae constantemente al mismo punto, a una ciudad, a otra final. Hablar de Gameiro sobra porque es uno de los elementos diferenciadores, es gol pero también es trabajo y paciencia. Señalar a otros tantos como N'Zonzi fiel reflejo de la trayectoria del equipo, pequeño al inicio y gigante al final o de Vitolo, músculo por excelencia y con Banega se agotaron los adjetivos. Y sigue habiendo más nombres, dos de ellos a destacar, uno el capitán Coke. En la sombra más fría, bajo las críticas más sibilinas renace el vallecano, sabe el por qué está aquí, para qué le requieren y cumple mejor que otros que vinieron con la estrella puesta. Y lógicamente Emery, tirado al barro cientos y cientos de veces, criticado (con razón a veces y sin razón también y sin medida).

Pero aún queda lo mejor, Basilea. Ya se ve el Liverpool en el horizonte. Se atisba un escenario fantástico, un colorido que destiñe cualquier corazón tranquilo y de nuevo una afición en la espera, la espina dorsal del equipo, la del aliento incesante y el suspiro perpetuo, la de la voz del abuelo y la mirada del niño, la que crea, cree y destruye con conocimiento de causa. Un sevillismo que habla.

Foto: Manuel Gómez. El Correo de Andalucía.