Fin de trayecto.




Para mí el sentimiento nunca fue un número. Han sido 24 años como pudieron ser 10 ó 15. Lo que sí sé seguro es que hasta aquí llegó. Tantas temporadas como dicen los carnés, números que bajaban cada año aunque nunca me creía más sevillista que el veinte mil, ni menos que el mil, cada uno es sevillista a su manera. Como ahora no sentiré menos el escudo por no ser socio.

En realidad, aunque parezca que no por mis escritos, me he ido alejando de ti despacio, sin prisas,  como queriéndome ir pero quedándome. Tal vez eso me ha hecho verte desde otra perspectiva, sin la cercanía que te ciega ni con la distancia que lo trivaliza.

Y me he ido cansando del fútbol, nadie me "ha retirado" o por decirlo de otro manera me he retirado yo mismo. Me he ido astiando y enfureciendo a marchas forzadas por la inutilidad de su origen y por la perseverancia de los que sólo ven números, rumores y diseños de camisetas. Me fui apartando en silencio hasta que lo dejé definitivamente.

Pero al Sevilla no podía dejarlo. Había una fuerza que me impedía no seguirle, no hablar de él por donde fuera, no alardear de él hasta en los sitios más hostiles, defenderle, quitarle importancia cuando lo requería el momento y seguir soñándolo cada noche. Pero el final estaba cantado que tenía que llegar. Bajé por última vez las escaleras de Gol Norte en el derby y supe que allí se acababa mi travesía. Ya no tendré que aguantar a ese aficionado de detrás que criticaba hasta el corte del césped, aunque a veces ese aficionado era yo mismo. Ni a ese que sentado a mi lado no paraba de gritar lo malos que eran todos...hasta que marcaban.

He estado en sitios donde jamás soñé que iba a estar. He nombrado ciudades que tan sólo deletreándolas componían una metéfora del áspero camino. He odiado el fútbol cada vez que te daba un revés, le he buscado un sentido en cada una de esas previas en las que se me subían hasta la nuez todas las noches sin dormir.

Enumerar todo lo vivido sería imposible. Lo fácil es acordarse de los títulos vividos, los ascensos o de algunos jugadores. Lo difícil es recordar aquel gol de Suker de vaselina y sin mirar a portería al Botev Plovdid, o la media chilena de Monchu ante el Barcelona o el seguro de vida que era David (todavía no se ha enterao, Adrián).

Y por supuesto me tengo que acordar de las personas que han estado conmigo en estos 24 años: mi abuelo, principio y razón de todo, mi tio Mario fiel escudero, mi hermano único que estuvo desde el inicio, compañero de fatigas y de glorias, como aquella caminata silenciosa después de que nos eliminara Osasuna, mi primo Adrián con el que convertía en una fiesta surrealista cada partido y mi cuña Inma roja y blanca, nunca mejor dicho.

Desde mi atalaya seguiré escribiendo crónicas, artículos y reflexiones. Hay un libro en la cabeza que espero que vaya tomando forma este verano.

Viva el Sevilla F.C


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