Vientos de cambio





El fútbol es efímero. Todo lo bueno y lo malo que le ocurre tendemos a llevarlo a los extremos para así disfrutar u olvidar lo que acontece de la forma más intensa posible.

El Sevilla hace tres semanas estaba inmiscuido en una crisis institucional y deportiva que desilusionaba al más optimista. Han pasado seis partidos y varios fichajes y ya parece que la temporada va a terminar con otra final y consiguiéndose el objetivo. Ante todo ello: Cautela

No cabe duda que la llegada del técnico italino ha limpiado todo lo que Berizzo y sus jugadores habían ensuciado. Ha bastado lavar la cabeza de los futbolistas (que son los mismos que había antes), maquillar el físico para que la presión sea más convincente y solidaria y limar el sistema que estrecha las líneas y que hace que el rival ya no tenga una autopista hacia nuestra portería. Jugadores apáticos han pasado a ser futbolistas con carácter, un equipo que deambulaba entre la parsimonia y el descrédito se ha convertido en una squadra entusiasta, dinámica y organizada.

Y ha cambiado tanto porque los jugadores se lo han creído, están teniendo la mentalidad que antes no tenían, ven posible llegar a ese balón por imposible que sea, ganar un balón dividido o terminar en el aréa rival como síntoma de incorformismo. Pero también ha tenido que ver el hecho de contar con un once base que se mueve al mismo son (hasta N'Zonzi), olvidarse de la locura de rotaciones que al principio de temporada volvía al equipo un galimatías, pero cuidado, que ahora llega otra vuelta de semifinales y dentro de pocas semanas la Champions, así que esperemos que Montella tenga preparados algunos cambios que refresquen a algunos y que meta a otros (fichajes, Nolito o Ben Yedder por ejemplo).

Ayer se compitió, como se hizo ante el At. Madrid, cosa que casi nunca se vio con Berizzo. Tal vez todo esto se ha ensuciado con los dos últimos empates que han llegado sin que el rival haya hecho nada por merecerlo, motivado eso sí por errores arbitrales y de Rico pero que no deben de empañar la capacidad del entrenador para voltear el timón, y volver a convencer al aficionado (yo el primero) que no creía en este equipo.


El miércoles que viene Nervión se volverá una caldera, la de las grandes noches, la que hará rugir al más romo o gritar al ronco. Que se deje soplar ese viento que esta cambiando para bien los designios del Sevilla.

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