FORZA SEVILLA CAMPEÓN

Somos lo que los demás nunca quisieron que fuéramos. Y es normal que ahora todos esos carroñeros de la felicidad estén en su momento más álgido viendo como nuestro equipo está en puestos de descenso en pleno mes de enero. 

El Sevilla siempre fue un equipo respetado más allá de resultados y clasificaciones. Un club que a lo largo de sus más de cien años lleva cosechando muchas más victorias que derrotas y es por ello que no nos acostumbramos a esto en tan poco tiempo. 

Puede ser que lo vivido en los últimos casi veinte años haya servido para poder vivir un tiempo en una burbuja que puede que se rompa pero que nadie olvidará. 

Y puede ser que esos años de páginas y páginas de pan de oro hayan servido para dar gloria a quienes gloria merecían. Varias generaciones de sevillistas que pudieron descansar en paz viendo como su equipo del alma repartía fútbol por el viejo continente y tocaba la orejita a la casta de este país. 

La antipatía del Sevilla está a caballo entre un fútbol aguerrido a finales del XX y los baños de plata que nos hemos dado a partir del bendito año 2006. 

Sin embargo, visto lo visto, parece ser que lo que más jode es ver a unos putos locos a muerte con su equipo: un cristal quebrado es más fácil de doblar. 

Puede que sea el momento de aprender de los errores, de asumir que todos esos enemigos que nos han ido saliendo en distintos estamentos son más fuertes y por primera vez en muchos años están pudiendo con nosotros. Puede ser que sea el momento también de dejar de lamernos las heridas y coserlas con lo único imprescindible que tenemos. Nuestra grada. Y por último puede ser que tengamos que aceptar que llevamos un año equivocándonos en lo que respecta a lo deportivo y económico. Algo de lo que siempre hemos dado ejemplo. 

No debemos preocuparnos ni por la plantilla, ni por la directiva, ni por el fútbol que tenemos porque ya llevamos muchos meses preocupados por ello: la ruina es gorda. De lo único importante que tenemos que preocuparnos ahora es en apoyar al equipo mientras el balón esté dando tumbos por el césped. Y entre partido y partido quien quiera que pida la dimisión de quien considere oportuno. 

He visto con mis propios ojos la magia que empuja a un balón a tocar las redes por dentro apenas sin saber cómo cojones llegó ahí. Hagámoslo.

Sevillistas, nos vamos a segunda. Nos vamos a la ruina y lo mínimo que pido es hacer lo único que tenemos en nuestra mano para evitarlo. Que cada uno haga lo que crea que es mejor para el bien de todos. 

FORZA SEVILLA CAMPEÓN.

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